Elbazo de Peña

Las llamadas entraban una tras otra. Alertaban sobre el elbazo de Peña Nieto. La temida maestra acababa de ser detenida al bajar de su avión privado en el aeropuerto de Toluca. Se le detectó un desvío de dos mil 600 millones de pesos de recursos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

De inmediato encendí el televisor. El procurador Jesús Murillo Karam estaba en la pantalla, junto con el sub Alfredo Castillo.

Detallaban la forma como la otrora poderosa maestra se apropiaba de los recursos del SNTE para satisfacer sus caprichos.

Me quedé boquiabierto, no por enterarme de lo que ya todos sabíamos, sino por el paso que dio el gobierno federal. Había tocado a la intocable. Lo que nunca se atrevió a hacer Felipe Calderón, quien sacrificó incluso a su secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota, por diferencias irreconciliables con la sindicalista.

Elba utilizaba los recursos del sindicato en aviones, cirugías, estéticas, joyas, galerías de arte, su departamento en San Diego. El nombre de una famosa tienda de lujo apareció varias veces en boca del procurador. Neiman Marcus. Allí gastó millones de dólares.

Otros tres nombres saltaron a la mala fama: Nora Guadalupe Ugarte Ramírez, Isaías Gallardo Chávez y José Manuel Díaz Flores. Son personas físicas que operaban el desvío de recursos de la lideresa del SNTE.

■ La exhaustiva investigación fue realizada por la Unidad de Inteligencia de la SHCP. “La mano de Luis Videgaray”, pensé. Fue ésta la que detectó el desvío de recursos del sindicato.

Tomé el control del televisor. Brinqué canales. Aterricé en Milenio Televisión. Hablaba La Quina, ex líder del sindicato petrolero, detenido hace 24 años, al inicio del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

El viejo sindicalista aprovechó el micrófono para írsele encima al senador del PRI, Carlos Romero Deschamps. Alcancé a escuchar, en voz de La Quina, que el sindicato petrolero es un muladar.

“Me extraña que a él no lo estén tocando”, dijo en tono indignado.

El ex dirigente sindical calificó la detención de Elba Esther como un acto de justicia. “Llegó al cargo traicionando a su líder, Carlos Jonguitud, igual que Romero Deschamps”, recalcó.

Una imagen me vino a la cabeza. La presencia de Romero Deschamps en el Congreso Extraordinario del SNTE, en la Riviera Maya, que sirvió a la maestra para reelegirse “por seis años más”. Eso fue apenas el pasado mes de octubre.

Buscamos a la senadora del Panal, Mónica Arriola, hija de la maestra. Le enviamos un mensaje vía celular. Respondió con la carita del gran abrazo de su BlackBerry. Ni una palabra. Vivía momentos difíciles. Supimos después que estuvo con el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong.

Lo intentamos también con Fernando González, yerno de la maestra. Tampoco tuvimos éxito.

Buscamos el último discurso de Gordillo. Nos acordamos del epitafio que pronunció en esa ocasión. “Ni amenazas ni nada me van a intimidar. Para morir nací. Quiero morir con un epitafio: Aquí yace una guerrera y como guerrera murió…”

Elba está liquidada. Murió políticamente y no precisamente como una guerrera. Fue trasladada a la cárcel de mujeres de Santa Martha Acatitla.

Al cierre de esta columna no se había manifestado oficialmente el SNTE. Cuando agarraron a La Quina se vaticinaban movilizaciones y sabotajes del sindicato petrolero.

Nadie se movió.

Nos atrevemos a vaticinar que las bases del SNTE tampoco se moverán para defender a quien está acusada de desviar los recursos de los maestros.

Mariana Gómez del Campo liberó la carga de antipatía que siente por Lía Limón, subsecretaria de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación. Está convencida de que su ex compañera de bancada en la Asamblea no tiene ni idea de lo que dice cuando habla de 27 mil desaparecidos en el sexenio de Felipe Calderón.

“Tiene que ponerse a estudiar o la van a correr. Te apuesto a que no dura un año en el cargo”, retó la senadora.

-¿Qué apostamos? ¿Una comida? —preguntó el reportero—.

-Un desayuno, una comida y una cena —reviró la senadora del PAN—.

La molestia de Mariana es compartida por los panistas cercanos a Felipe. Sienten que la cifra de Limón es parte de una táctica para desacreditar, aún más, la estrategia de guerra frontal al crimen organizado de la anterior administración.

Los calderonistas giraron ayer en torno a las nuevas declaraciones sobre los desaparecidos que hizo su ex correligionaria. Ahora subsecretaria de Asuntos Jurídicos y Defensa de Derechos Humanos. Precisó la cifra global de desaparecidos por la que fue criticada, pero no le bajó casi nada. Dice que en México hay 26 mil 121 personas “no localizadas”. Reconoció, sin embargo, que no se trata necesariamente de desapariciones forzadas.

Sus palabras llevaron a los senadores del PAN, Héctor Larios y Roberto Gil, a convocar a una rueda de prensa para descalificar a Lía. “Esa base de datos no aporta, bajo ninguna modalidad, una cifra oficial de personas desaparecidas, sino que únicamente se trata de registros de personas no localizadas. La diferencia es fundamental”, recalcó Gil.

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